lunes, 21 de marzo de 2016

NACEMOS MUERTOS

Nacemos muertos. Con fecha de caducidad y día de entrega. Nacemos sin memoria. Y cuando aprendemos, solo sabemos olvidar.

Lloramos cuando escuchamos música porque la desaparición del sonido y el momento presente nos recuerda lo doloroso de la inexistencia. Escuchen música a menudo. Acuérdense de que un día no estarán aquí. Que junto a todo lo que han sido, su único destino será la desaparición, la inexistencia. No se preocupen por la hora, pues es una cita a la que nadie llega tarde. De hecho, la mayoría llegamos pronto, y el que siente que no llega, se coge un billete express desde la azotea.

Quizá, lo injusto de la muerte es el momento en el que nos alcanza. A algunos más a deshora que otros. Decía algún poeta que la muerte es necesaria, para dejar espacio a los que vienen. Pero la injusticia se extrema al ver morir a los que venían.

Lo es, si. Como es injusto vivir sin haber escuchado a los pájaros, o sin haber visto como cambiaba el color blanco de una pared, o como la luz del sol atravesaba las nubes. Es injusto tener el presente delante y desaprovecharlo, como es injusto que la distancia se convierta de lejana a insalvable. Es injusta la temporalidad. Es injusto que el presente solo dure un momento. Es injusto que la vida sea un viaje de un único sentido y no haya manera de ir hacia atrás.

Es injusto ver nubes tapando el sol. Es injusto que solo los más pacientes vayan a verlas desvelar la magia que guardan tras ellas. Pero más injusto todavía es que solo unos pocos sepan apreciar la belleza de esas nubes, pues todos anhelamos ver el sol. Injusto es también que las nubes no permitan disfrutar de las nubes.

Pero así somos. Así es el ser humano que se necesita el uno del otro. Así son los pedazos de alma que se arrancan de manera injusta. Sin avisar. Como quien vuelve a casa y observa que se ha equivocado de portal. O como quien se queda en cerrado en un cuarto de baño a la hora de la conferencia, siendo él el ponente. Es injusto que la naturaleza humana nos tenga encerrados en este rincón de irrealidad temporal al que llamamos vida. Pero lo más injusto aún es no saber apreciar que la vida es un duelo continuo. Un duelo de momentos que perecen, un duelo de ideas que, por no haber sido escritas caen en el pozo de los que se van cuando venían. Tanto futuro arrastrado por sus manos pálidas. Las manos del sueño, las de los despertares de las siestas de dos horas. Las garras de una muerte que no se aplaza.

Escuchen música y aprecien el momento presente desaparecer. Pues hasta el más grande de los dolores pasa. Incluso siendo el dolor más grande el de la vida; y no el de la muerte, como se pensaba.

Aprecien el regalo del instante presente. El regalo que es cada segundo. Cierren los ojos, deténganse a saborear los sonidos. A sentir como la boca se les seca al inspirar. Y lloren. Lloren mucho. Lloren mucho cada vez que se sepan muertos. Lloren cada vez que sientan que su vida ha sido un préstamo sin intereses, pero con fecha de entrega; un regalo con fecha de caducidad. Su vida, y la de todos.

Mueran a propósito. Mueran en silencio. Mueran sentados en su habitación, o en un parque escuchando a los niños. Mueran y lloren. Mueran hasta estar muertos. Mueran hasta quedar vacíos. No tengan miedo a morir. No tengan miedo a tener miedo.  No tengan miedo a saberse muertos.


Cuándo estén muertos del todo, entonces abran los ojos. Ábranlos de nuevo, y aprecien el hueco que la tristeza les ha dejado en el pecho. Un hueco en el que puedan empezar a verter amor, a germinar felicidad. Un hueco que no puede ser llenado por completo si nos seguimos aferrando al dolor. Un dolor que solo se libera con lagrimas de rabia y desesperanza. Unas lágrimas que abrasan como hielo. El mismo hielo que forma el estanque congelado en el que a veces nos convertimos. Dejen que el hielo queme, que queme mucho, y que queme más. Dejen que abrase hasta que aparezca el fuego. Y que sea ese fuego el que empiece a caldear el agua. Un agua que solo será purificadora cuando el amor actúe como un antibiótico de recuerdos. No tomen pastillas, respiren silencio.


Ese día, vuelvan a escuchar música. Y entonces amen.

sábado, 19 de marzo de 2016

PRESENTE VULNERABLE, FUTURO INCIERTO.

PRESENTE VULNERABLE, FUTURO INCIERTO.

Vamos a mejor, Carlos. Vamos a mejor” Me lo repito como un mantra de meditación. No quisiera perder la esperanza y traicionar mi fe en la humanidad, pero hay ocasiones en las que verdaderamente me cuestiono si los próximos años vamos a ir a mejor o no. Si el futuro venidero, irremediablemente incierto,será de avance o de retroceso.

Esta semana, durante una conversación, salió un argumento que espero no tener que utilizar con excesiva frecuencia.

  • Vamos a mejor. Toda la historia ha sido una conquista de derechos humanos y de bienestar, económico y tecnológico. Por ejemplo, el sistema de alcantarillado de los romanos que hemos heredado hasta el día de hoy.
  • Es cierto, pero no hay que confiarse. Nos pasamos la edad media tirando la mierda por la ventana.

Un ejemplo un poco más reciente que la edad media de que se puede ir hacia atrás en vez de hacia adelante es el auge de las dictaduras o el número de víctimas totales en Europa por conflictos armados durante el S.XX (Por encima de los 120 millones de personas).  [Oriente es otra historia]. Causado en parte por el incremento poblacional, y el desarrollo tecnológico, se podría afirmar que el Siglo XX ha sido el más sangriento de la historia de la humanidad.

El principio del siglo XX también supuso importantes desarrollos sociales y civiles que permitieron a los países construir democracias mayormente estables e igualitarias. Un ejemplo de este proceso es la conquista del sufragio universal a lo largo del siglo, en concreto, el sufragio femenino . El desarrollo de la ciencia y la multiplicidad de movimientos artísticos puso de manifiesto la gran velocidad a la que avanzaba el ser humano de principio del siglo XX , hablando de una manera general “a mejor”.

Entonces, ¿cómo puede ser, que el siglo de mayores avances en la historia del ser humano, haya sido también el más sangriento? ¿Cómo es posible descubrir tanto y aprender tan poco? En Europa, con solo un período de 21 años de separación se sucedieron dos Guerras Mundiales... En ese siglo XX en el que íbamos tan “a mejor” un giro socio-político, y por qué no, del destino, hizo que un principio prometedor se convertirse en una catástrofe desastrosa.

Por suerte, o por desgracia, el ser humano es resiliente. Las guerras nos ofrecen duras lecciones de las que podemos salir reforzados. Tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, la necesidad y el instinto de supervivencia empujó al ser humano a evitar futuras barbaries mediante la creación de instituciones reguladoras. Algunas de las consecuencias positivas de las guerras mundiales fueron la creación de la Organización de las Naciones Unidas y la Unión Europea. Además, a modo de manifiesto en la ONU se redactó la Declaración Universal de Derechos Humano, aunque su cumplimiento y universalidad de ésta sean más que cuestionables a día de hoy.

Sin embargo, no sé hasta que punto estas ideas esperanzadoras de un Siglo XX, que se suponía había aprendido, se están llevando a la práctica en un Siglo XXI en el que existen 14 países en el que el último año murieron más de 1.200 personas. Pero sin duda la creme de la creme son los países que están sufriendo los conflictos máscruentos de la actualidad (Siria, 55.000 fallecidos en 2015; Afghanistan, 36,000; Iraq,21.000 y los países colindantes del Lago del Chad, 21.000)



Resulta extremadamente peligroso bajar la guardia. El ser humano, visto de manera general y con perspectiva, ha ido a mejor a lo largo de la historia, ha buscado la mejora personal, la conquista de la felicidad y la construcción de una vida digna. Sin embargo, las guerras acontecidas durante los períodos de mayor desarrollo tecnológico y moral del ser humano, son un ejemplo de lo negativa que se puede volver una situación bajo ciertas condiciones socio-políticas.

Considero que la responsabilidad y la culpa recae en el individuo, en cada uno de nosotros. Por lo tanto, deberíamos hacer un chequeo ocasional de cómo nos estamos comportando como especie... ¿Vamos a mejor? ¿O solo decimos hacerlo?

Es comprensible que la sociedad global, al igual que cualquiera de nosotros tenga rachas mejores y peores a lo largo de su vida en las que posponga el ejercicio, se coma peor, o se esté menos comprometido con su trabajo. Sin embargo, es un indicativo de las personas, al igual que las sociedad, inteligentes, el perseguir una mejora constantes, y el detectar de manera rápida y eficaz la existencia de estas “malas rachas” para poder intervenir sobre ellas antes de que las consecuencias se conviertan en catastróficas de nuevo.

Considero que este post tiene la función de concienciar al lector sobre la necesidad de continuar avanzando en la conquista de derechos y libertades humanas, y no confiarse por haber alcanzado un nivel de bienestar económico más que cuestionable. Para finalizar, recordar que a lo largo de la historia se ha demostrado que los avances obtenidos si se caracterizan por algo es por su inesperada vulnerabilidad. 


LA UTILIDAD DE LA CULPA


LA UTILIDAD DE LA CULPA

En ocasiones me lo comentan, "Es que Carlos, a veces la gente no quiere hablar contigo, porque generas culpabilidad." "Tienes razón, pero es que somos culpables". 

Lo siento por crear culpabilidad, pero no me siento culpable por ello. Porque somos responsables. Eres responsable y soy responsable. Somos culpables. Soy culpable, eres culpable. 

Hoy en día la tecnología nos coloca en una situación de libertad de la que Fromm ya nos explicó cuanto podemos llegar a aborrecer. Y es que tener responsabilidad puede llegar a sentirse bastante mal. Actualmente, tenemos el poder de transformar activamente nuestra sociedad, de decidir si queremos promover la mediocridad o la profesionalidad, si queremos seguir a un youtuber de lo absurdo o un canal de documentales revitalizador. Podemos elegir entre formar parte de la solución, o agravar el problema.

El mundo se desarrolla y cada vez somos más los que tenemos acceso a una educación mínima, e incluso superior. Somos personas cuyas necesidades básicas han sido cubiertas de manera más que suficiente (casa, agua potable, y una fuente de alimentos prácticamente inagotables). Pero no somos la mayoría, ni mucho menos.


Solo hay que ver videos como este para darse cuenta de lo podrido que está el mundo. De como una minoría excesivamente afortunada puede disfrutar de unos derechos y servicios básicos. Y no hablo del uno por ciento que posee el 50% de la riqueza (que son caso aparte) , hablo del occidental medio, el de gastos superfluos y lujos ocasionales. Somos tremendamente irresponsables, y en parte es por la evitación que estamos desarrollando hacia la culpabilidad.

En la actualidad, estoy asistiendo a un curso de autoestima que está revirtiendo en beneficios secundarios como el desarrollo de la empatía y los sentimientos de compasión hacia aquellos que no se sienten bien con uno mismo, situación que a veces, me cuesta imaginar. El caso es que, con toda la mejor intención del mundo, la psicóloga del curso explicó que la culpabilidad es una emoción negativa de la que tendríamos que deshacernos. Un sentimiento que, sorprendentemente y al contrario de todos los demás, no es nada útil.

(Entiendo que en un grupo afectado por problemas de empatía, la auto flagelación causada por la culpabilidad puede ser muy perniciosa. Pero a nivel comunitario el rechazo de la culpa puede revertir en un mundo orwelliano donde cada uno intente garantizar no ya su existencia, sino sus más que prescindibles lujos, a costa del bienestar de los demás.)

En cualquier caso, me parece tan extraño oír semejantes afirmaciones de una psicóloga que, obviamente y al igual que el resto de sociedad académica occidental respetable, está educada dentro de los principios de la Teoría de la Evolución. ¿Cómo que todas las emociones son útiles y adaptativas menos la culpa? Obviamente sentirse culpable no es cómodo, pero de ahí a decir que es inadaptativo.... Puede que sea un poco difícil imaginarse como sentimientos tan intensos de autodestrucción pueden de alguna manera hacernos más adaptativos al entorno. Pero, ¿por qué no?

Vamos a ver, si nuestras almas/seres/espíritus no están todavía lo suficientemente desarrollados como para actuar siguiendo instintos y motivos altruistas y afiliativos, quizá nuestras mentes, a través de la culpa, deban obligar a nuestro organismo a hacer lo mejor para resto de seres humanos. O al menos, hacernos sentir mal cuando sabemos que no lo estamos haciendo.

Además, no me gustaría que la sabiduría oriental que con tanto ímpetu y arrojo entra en nuestra sociedad fuera malinterpretada. No me gustaría pensar que la gente se toma al pie las filosofías intra-personales del Dalai Lama o de Laozi, y opta por sentirse internamente bien en una sociedad que enferma exponencialmente. Me duelen mis palabras, pues me considero un ferviente promotor de la sabiduría oriental.

Estos modelos de intervención intra-personal han sido diseñados en culturas caracterizadas por el colectivismo. Puede resultar paradójico pensar que en una cultura colectivista predominen los mecanismos de control intra-personal (internos) por encima de los interpersonales (externos). Pero resulta obvio si se mira desde otro punto de vista: la necesidad del sacrificio de la opinión y el valor individual como mecanismo para conseguir la tan ansiada armonía de la comunidad.

Sin embargo, en una sociedad competitiva y capitalista como la nuestra, donde el papel del individuo está muy por encima del valor del grupo social; donde el egoísmo es una condición para el éxito personal, en vez de considerarse un precursor del fracaso como sociedad; donde lo privado es más respetado que lo público, desarrollar herramientas de mejora intra-personal sin haber creado antes una responsabilidad social y un sentimiento de comunidad puede suponer peligrosas consecuencias.

(Des) afortunadamente soy de los optimistas que cree que todos los caminos conducen a Roma, y que desarrollando estas técnicas intra-personales podemos ser capaces de activar un espíritu anti-consumista, anti-materialista, igualitario y motivado por una moral altruísta. Sin embargo, no me agradaría que la competitividad del mercado utilizase herramientas como la meditación y el yoga para potenciar la productividad de sus trabajadores.

Porque, en un sistema donde los derechos laborales y humanos han sido conquistado e implantados es muy bonito utilizar técnicas de autocontrol para regular los pequeños ups-and-down del día día. Pero a los trabajadores de china, históricamente colectivista, no les vale ni saquera la meditación, y optan por saltar por las ventanas de las fábricas como estrategia de autodefensa.




Las compañías como Apple, para no perder operarios, optan por encerrarlos en edificios en los que tienen que pegar una diminuta pieza de hardware 3.200 veces a lo largo del día.

Por lo tanto, coincidiendo con algunas de las religiones mayoritarias de occidente, abogo por un fomento y desarrollo de la culpabilidad humana.

Así que, intenta no mirar para otro lado, auto-engañarte o apreciar como todos los sentimientos negativos que broten en tu mente van desapareciendo poco a poco... Cuando realices alguna conducta que sabes, porque lo sabes, que no es correcta está bien que te sientes un poco incómodo. Intenta no auto-justificarte cuando fumes, y asumir que estas destruyendo tu salud y la de los demás, al mismo tiempo que derrochas fondos públicos. Intenta no dejar marchar las sensaciones desagradables que te puedan asaltar la próxima vez que vayas a Zara a comprar ropa que sabes, porque lo sabes, que ha sido fabricada por niñas en Bangladesh. Lo pone en la etiqueta, así que trata de mirarla más a menudo. Intenta no pensar que tienes alternativa cuando la tienes, porque la tienes, y lo que pasa es que no la quieres saber. Adaptarse a la norma social es más fácil y cómodo. Intenta no pensar que comer en un restaurante que paga a sus empleados menos de 4 euros la hora no es tan grave porque sabes, porque lo sabes, que estás promoviendo un sistema que esclaviza a seres humanos. Intenta no pensar que el ser humano necesita comer carne porque probablemente sabes y habrás oído, que el consumo de carne occidental es completamente insostenible. Intenta no pensar que por dejarte una luz encendida no pasa nada, porque sabes, porque lo sabes, que el despilfarro energético es irrisorio.

La vida es un conjunto de grises en la que nada es blanco ni es negro. Soy consciente del grupo enorme de personas que podría criticarme cada uno de mis argumentos con datos sobre los impuestos que el consumo de tabaco recolecta, las oportunidades que el libre capitalismo ofrece a las poblaciones de países en vías de desarrollo, la extensa oferta de empleos para poblaciones sin titulación académica, la inherente libertad del consumidor a la hora de elegir productos y bienes, la imposibilidad de aprovechar o almacenar la energía que se produce de una manera eficiente.

Puede ser, quizá hasta tengan razón. Pero yo, por lo menos, me siento mejor haciendo lo que entiendo como correcto. Siendo moral, no sintiéndome culpable. Lo sé, no es fácil, requiere mucho esfuerzo, mucha constancia. De hecho, requiere un esfuerzo activo y consciente, persistencia de día tras día, hasta crear el hábito. Pero sienta bien.

Aún sabiendo que no soy perfecto, sienta bien saber que hago todo lo que puedo por no sentirme culpable. Sienta bien ver que mi botella es de cristal y no de plástico, que bebo agua del grifo, que apago la luz siempre que lo recuerdo, y que cuando lo olvido me culpabilizo; sienta bien saber que intento ser lo más profesional posible en lo que hago, que tengo la motivación de construir un mundo mejor; que quiero pertenecer al grupo de personas que trabaja por arreglar el mundo en vez de destruirlo activa o pasivamente. Sienta bien saber que combato la mediocridad y valoro la excelencia. Me siento obligado, pues no me gustaría sentirme culpable de nuevo. Porque, en efecto la culpa si tienes una función. Desde mi punto de vista, una función fundamental, la de crear responsabilidad en el individuo. Acatar la falta y el error, e intentar reparar el daño producido.

Así que amigos, me vais a perdonar que no me sienta culpable por haceros culpables, pero me veo obligado. Quiero haceros sentir esta sensación tan perniciosa, esta idea que ataca al ser desde dentro del ser. Pero sí, tú también eres culpable, y espero que lo sepas. Y si no lo sabes te invito a que pienses en la imagen de un niño de tres años con la camiseta roja y el pantalón azul tumbado bocabajo en una playa turca. Porque, aunque al lado de la foto de Aylan que cuelga en la pared de mi habitación haya un post-it que ponga Hope, en cierta manera, yo también he sido culpable de su muerte.

Que hoy os sintáis más culpables que ayer, pero menos que mañana.

Pasad un buen fin de semana.





PD. Y si me sigo encontrando que este post tan racional no convence, estaré obligado a escribir el siguiente post utilizando un poco de emoción e intención paradójica. Así que la próxima ves que veas la foto de un niño congoleño trabajando en una mina de coltan, no te sientas culpable y ve a renovar el IPhone, que Apple ya se encargó de evitar los suicidios de sus operarios.

jueves, 17 de marzo de 2016

NO LEAS ESTE POST

NO LEAS ESTE POST

Bienvenido a la intención paradójica. No continúes leyendo. No pulses ese botón. No pienses en el elefante rosa.

No te veas reflejado en este texto, no te sientas identificado con él. Tampoco sientas culpabilidad cuando te encuentres realizando cualquiera de las cosas que pone. No te sientas mal si te recuerda a cuando las estabas haciendo. No intentes cambiar tú comportamiento. Sigue siendo tú mismo. No intentes mejorar.

No comas sano. No hagas deporte, no leas libros. Tampoco los escribas. No salgas a la calle, no tengas amistades que van más allá de unas tapas los domingos y unas copas los sábados. No tengas una pareja a la que quieras profundamente. Enamórate del ligue del fin de seman. Créete que la chica del Tinder te quiere de verdad.

Quédate en casa. Quédate viendo la tele. Ve mucho la tele. Veela más. Créete los anuncios, los telediarios, y las películas de acción. No te fíes de la gente. Tampoco les sonrías si te cruzas con ellos por la calle.

No creas en ti. Hipoteca tu vida. No sigas leyendo o busques información sobre como dejar de hacer aquello que no te gusta hacer y que no puedes dejar de hacer. No seas profesional. Que no te guste tu trabajo. Que tu vida siga siendo levantarte con cara de asco por las mañanas, hagas lo que hagas. Que no te guste hacer lo que quiera que estés haciendo.

Ponte nervioso, impaciéntate, desea estar en cualquier otro lado menos dónde estás.

No te creas nunca que la psicología va a cambiar el mundo. Tampoco te creas que lo va a hacer la intención paradójica. No tengas sueños. No tengas esperanzas. No ames tu vida.

No pienses que algo de lo que has leído vaya a servir para nada. No creas que la conciencia moral, la responsabilidad social, y la mejora personal también se desarrollan mediante la incongruencia y la culpabilidad. No le pases el link del blog a tus amigos, no lo compartas en Facebook, tampoco por Whatsapp.

Y sobre todo, no le recomiendes a nadie que se lo lea.


martes, 15 de marzo de 2016

Una sesión de consejos y otras tonterías no relacionadas.

Una sesión de consejos y otras tonterías no relacionadas.

Lavate los dientes. Sale caro ir al dentista. Estira cada día, haz deporte. Sale caro ir al fisio. No te fíes de aquellos que presumen de valentía y se destrozan el cuerpo, si no cada fin de semana, cada día, sistemáticamente. Ámate, quiérete. El futuro te lo agradecerá. Comé sano. No dejes que te convenzan las payasadas del tipo: ”De algo hay que morir”. Eso ya lo sabemos. Lo importante entonces son los “De algo hay que vivir”. Escoge vivir bien, escoge disfrutar de la vida, aprovechar los domingos, levantarte pronto por las mañanas, tener energía hasta el final del día... También dicen que hay que quedarse con un poco de hambre y nunca comer demasiado.


Abandona el pensamiento grupal, escoge a la gente por su valía, y no por que te caigan mejor. Promueve instituciones no corruptas, da igual que estés dirigiendo un musical o un ayuntamiento. Como Nietzsche, cree en la fe de lo terrenal. Ama a los seres humanos. “Siempre mejorando, Luis. Siempre mejorando”. Es lo que he oído hoy en la indiscutible clínica del éxito. No importa que parezca ciencia ficción, que existan o no las agujas que envían descargas y los ultrasonidos que regeneran tejidos. Es cierto y es real. “Hard work, pays off”, que dice Steve Pavlina. Hay que currar día tras día. Mejora personal, mejora en lo que hagas. Da lo mejor de ti. Quizá no hoy, quizá no mañana, pero algún día tus esfuerzos serán valorados, serán recompensados. Como lo fueron los de Van Gohg aunque le pillasen a deshora. Des o afortunadamente, vivimos en un mundo que avanza demasiado rápido, lo que se traduce en más oportunidades, y en más fracasos. La gente nace más deprisa, pero si no se adapta a la velocidad del cambio, perece también más deprisa. Puedes elegir ser intemporal, aunque la fugacidad y banalidad de la vida nos lo pone cada día más difícil.

No te creas lo que aparece en la tele. No tengas tele. No veas anuncios. No te creas lo que dicen los anuncios. Te quieren con dinero; te obligan a trabajar. Quieren que te gastes el dinero en algo; te convencen de que el coche es necesario. Te quieren con miedo, por si le pasase algo al coche; te ofrecen seguros. Te quieren bonito por fuera y vacío por dentro, no solo del bolsillo; desvían fondos culturales, te regalan cosmética. Te quieren entretenido y sin espíritu crítico; te ofertan nuevos canales de televisión cuando renuevas el móvil. Te quieren mal alimentado, sin energías, enfermo; rebajan las comida basura, las grasas parcialmente hidrogenadas y las bebidas con alcohol. Te quieren sacar todo el dinero que te queda, si es que todavía te queda algo; y te invitan a las casas de apuestas prometiéndote la estupidez más ridícula de la lista: “Que el dinero te va a hacer feliz”.La suerte está día tras día, con trabajo y esfuerzo. Después, antes de que acaben los anuncios y empieces a tararear la canción de la intro del Club de la Comedia, versión amateur; te ponen un par de anuncios de prestamos bancarios. Gracias por cedernos tu vida.

Ya sé que soy un radical. Pero tú solamente sal de la trampa. Sal de la trampa antes de que sea demasiado tarde y lo que antes te daba seguridad, ahora te obligue a quedarte en la calle. Lo escribí en una carta el jueves pasado. “Hace tiempo que cavamos nuestra tumba. Pero ahora estamos empezando a llenarla desde dentro.” Ten cuidado, no miedo, pero ten cuidado.

La solución está en el epicureísmo. Un cacho de pan, otro de queso, y que se ría quién se ría. Diferenciar entre lo que da felicidad y lo que la gente dice que da felicidad. Darse cuenta de que el dinero da seguridad, y quita libertad. El eterno debate entre la seguridad y la libertad, aplicable a nivel orwelliano, de pareja romántica, o de vida laboral. Pero seguridad y felicidad son cosas diferentes. La libertad y la felicidad también son cosas diferentes. No sé si es la seguridad o la libertad lo que está más relacionado con la felicidad, pero sin duda, hay una cosa que corelaciona negativamente con la felicidad, la esclavitud.

Típica frase de oriental que a occidente se la trae floja, “Somos esclavos de nuestras necesidades”. Así que ten cuidado, no miedo, pero ten cuidad. Los meses más maravillosos de mi vida fueron protagonizados por la pregunta “Do I really need it?”, culminados quizá con la revelación de poder ser libre durante toda mi vida a base de aire, agua y comida. Bueno, personas también. Aquel día no me fui a la montaña para siempre, no por la soledad, que también, sino por un deber moral. Lo apodé, que no bauticé, hace unas semanas. “Responsabilidad social” le puse. No sé si te gusta, pero a mi bastante. Y a mis hijos, que todavía no tengo, todavía más. Lo escribí hace poco en un papel cualquiera de cualquiera de mis cuadernos: “De pequeño, tenía muchos amigos. Ahora tengo responsabilidad social.

En la actualidad, y a días, procrastino obligaciones para escribir textos con la esperanza de movilizar intelectos, y paralizar economías destructoras de seres humanos. Creo que una página de incoherencias es suficiente. Por eso del scroll-down al principio para hacer una estimación de cuantos minutos me va a tomar leer el post y pensar que si son más de cinco prefiero seguir haciendo thumb scrolling-down en el storyline del Facebook. Y es que, en 2016, hablamos así de raro. Habrá que seguir las pautas daoístas, y no solo adaptarnos al cambio, sino ser resilientes y salir reforzados de él.

Disfrutad del aire, que eso si que lo necesitáis, y todavía no se les ha ocurrido como cobrarnos por ello.

Un abrazo,


Carlos

viernes, 26 de febrero de 2016

CANCIÓN SIN RIMA

CANCIÓN SIN RIMA

Creo que ha llegado el momento. Me piden que escriba, me piden que publique, me piden que firme, me piden que diga que yo soy yo, y que puedo seguir siendo yo, hasta cuando soy yo. Incluso, siendo yo.

Porque no hay otro que yo. Aunque a menudo, por no decirlo siempre y a diario, intente ocultarlo.

Yo es yo, yo es el que escribe y el que canta para dentro. Yo es el que lee, y se pone contento. También es el que llora, porque lo arrastra bien lento. Que se escape, que fluya, que se vaya poniendo. Es puro sentimiento, ojos rojos, frente dura, que parece cemento.

No fuerzo la rima, fluye y guía esta vida, la avenida sin salida de la vida.

Pero la muerte se siente. No vamos contra corriente. Si te paras a sentirla, pisa el freno. ¿Quizás respiras? Inhalas aires, y te fías, de las palabras que te miran y te guían hasta el pozo más oscuro del recuerdo que te guardas cada día. No es María, ni lo fue. Es alegría llevada al extremo de esta melodía que suspira, o esa droga que inhalas con cada esnifada de día tras día.

Coacciona mi mente, mis estados ataca. Los que fueron amigos, ahora destacan, por lo malo, por las formas. Por coger cuadernos y estar sin droga. No te creas que lo escribo para hacerme un amigo de voces. El gramo sin el cielo, no es un gramo, no es lo puro. Es real como el momento presente, como encontrar la rima en el texto, o quedarnos ausentes.

No te sientes. Me falta puntos como guiones, pero estos mis dos, me sobran cojones, a veces dentro, las más veces fuera, de los pantalones. No pasa nada por no recitar y que cuadre quien cuadre o que ría quien ría. Quien me crea poeta que me lo diga y quien me piense fantasías, que cojan del hilo y sigan. Es la vida, ahora y algo más.

Espera cinco minutos, ¿donde estabas? ¿donde estás? Creías que cambias, que eras que fuiste ¿qué serás? Pasado y presente, recuerdos olvidos, diluidos, ¿qué más da?

No rapeo por imperfección pero publico por aburrimiento. Haz que tu mayor meta, sea solo la segunda opción. Persigue tus sueños, siempre puede ir mejor. Todo esto por la captura de pantalla, un gesto que lleva emoción. El anonimato como forma de vida, la escritura me inspira. Conocer a alguien, tocarle el corazón. No convenzo al que fue pero quizá conozco al que seré. Me lanza a la piscina, a esta parte del presente que camina, que sumerge en un flujo de gente.

Bienvenido a nuestra nueva, nuestra única vida. La que llevabas viviendo antes de que se creara cultura. ¿Qué te parece ver sin ojos? A pocos achanto, a muchos los cojo, desprevenidos, no se esperan las paradas, ni los suspiros. No es una letra pues falta la música. Lo que empezó siendo automático convertido, desaparecido, fluido, fluito, guiños, miradas, sonrisas que engañan, preguntas con trampa ,36 enamoramientos al día, no me llevan, me quedan el alma vacía.

Y si no paro ¿qué ocurre? Problema, sería muy fácil rimarlo con crema. Es mi melena de león que me recuerda tiempos ya idos, hielos derretidos, o losas que aplastan el alma de los más creyente, los convencidos de que algún día todo cambiara. Un mundo feliz utopías para segundos lugares de realidad. El esfuerzo me vale, el trabajo de día tras día, de siete de la mañana, de yoga, de libros, de poesía, que no he leído ni antes ni todavía. Es postureo. Una habitación vacía. No me digas que la llenas por la noche. Tu alma sigue vacía.

Amor necesitas, a niños encuentras. Pureza de ojos, de risa, conceptos sin prisas, aprendizajes sin pausas. Hoy no hablan, mañana todos son palabras.


Silencios ronquidos, quedarse dormidos, en la bici, en el coche, salud o ataúd, medio ambiente. Madera que ardiente. Cada persona, un árbol. Tras otro, tras otro. Vivimos conscientes de que el planeta se quema despacio. Encendemos la llama. A los bomberos nadie los llama. Ellos gritan. Pediremos disculpas. Perdona, no estuve atento, no fui yo, era broma, no quería decir eso. Muy tarde, el futuro se asoma. Excelencia en arte escasea, de mediocridad las aulas repletas. Aún tengo esperanza, se llama perseverancia. El flow no me callaba. Si no cogiste el ritmo, esto se acaba.   

miércoles, 24 de febrero de 2016

DE LEER Y ESCRIBIR. NIETZSCHE

Aunque este por toda la web, ha sido mi inspiración del día. 


DE LEER Y ESCRIBIR. ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA

Sólo amo lo que se ha escrito con la propia san­gre, de todo cuanto se ha escrito. Escribe con sangre y aprenderás que la sangre es espíritu. No es fácil comprender la sangre extraña. Detesto a todos los perezosos que leen. Aquel que conoce al lector, ya nada hace por el lector. Un siglo más de lectores y hasta el espíritu olerá mal. Si todos tuvieran el dere­cho de aprender a leer, a la larga se estropeará no sólo la escritura, sino también el pensamiento. En otros tiempos, Dios era el espíritu. Después se hizo hombre. Ahora se ha elevado al populacho. Quien con sangre escribe máximas, no quiere ser leído, sino que se le aprenda de memoria. El camino más corto sobre las montañas va de una cima a otra; pero para seguirlo es preciso poseer largas piernas. Las máximas deben ser cúspides y aquellos a quienes se habla, hombres gran­des y vigorosos. El aire ligero y puro, el peligro cer­cano y el espíritu lleno de una alegre malignidad; todo esto compagina bien. Quiero ver a los duendes a mi alrededor, pues soy valeroso. El valor que ahuyenta los fantasmas se crea sus propios duendes. El valor quiere reír. No me hallo en comunión de alma con vosotros. Esta nube que veo por debajo de mí, esta negrura y esta pesadez de que me río es vuestra tormenta. Vosotros miráis a lo alto cuando aspiráis a elevación. Y yo miro hacia abajo porque estoy ¿Quién de vosotros al mismo tiempo puede reír estar alto? Quien se cierne sobre las más altas montañas, se ríe de todas las tragedias de la escena y de vida. Valerosos, despreocupados, burlones, violentos: así nos quiere la sabiduría es mujer y no puede sino a un guerrero decís vosotros «La vida es pesada de llevar.» Pues ¿a qué vuestro orgullo de la mañana y vuestra sumisión de la tarde? La vida es dura de llevar; ¡pero no os pongáis tan tiernos! Todos somos burros y burras agobiados de carga. ¿Que tenemos nosotros de común con el capullo de la rosa que tiembla porque lo oprime una gota de rocío? Verdad es amamos la vida; pero no porque estemos habituados a ella, sino al amor. En el amor siempre hay un poco de locura. Pero también siempre hay un poco de razón en la locura. Y para mí, también para mí, que me encuen­tro a gusto con la vida, las mariposas y las burbujas de jabón, y todo lo que entre los hombres se les asemeja, me parecen ser los que mejor conocen la felicidad. Deseos de cantar y llorar siente Zaratustra cuando ve revolotear a las pequeñas almas ligeras y locas, encantadoras e inquietas. Yo sólo podría creer en un dios que supiese bailar. Y cuando vi a mi demonio lo encontré serio, grave, profundo y solemne. Era el espíritu de la pesadez. Todas las cosas caen por su causa. Es con la risa y no con la cólera como se mata. Adelante; matemos al espíritu de la pesadez! He apren­dido a andar; desde entonces me abandono a correr. He aprendido a volar; desde entonces no espero a que me empujen para cambiar de sitio. Ahora soy ligero. Ahora vuelo. Ahora me veo por debajo de mí. Ahora baila en mí un dios.


Así habló Zaratustra.


NIETZSCHE