viernes, 25 de diciembre de 2015

EL MUNDO LABORAL. TRABAJANDO POR UNA REVOLUCIÓN ESPIRITUAL

   Quizá, cuando la gente me empiece a pagar por mi trabajo, ya no necesite el dinero.

Supongo que voy a sonar reiterativo y para nada original. Estas ideas no son mías, ninguna lo es. Aun así, movido por la curiosidad y la necesidad, he decidido personalizarlas y compartirlas.

Encuentro personas que han perdido la fe. No importa que sea considerado como un loco minoritario o utópico. Sigo obligado a repetir aquello que para mí ya empieza a convertirse en obviedad.

Cometí un error con mis reflexiones sobre el mundo digital. Dejé que se convirtieran en obviedad y la motivación por escribir y publicar desapareció. Me parecía que mis ideas no resultaban originales, que eran demasiado simples y por todos conocidas. Ahora tengo la oportunidad de inmortalizar y compartir mis pensamientos antes de que los interiorice como obviedades y neutralicé el ímpetu de cambio. Convirtamos la obviedad en necesidad.

De nuevo, mi fe en la humanidad me hace pensar que el trabajo no es lo que hacemos por dinero, sino lo que hacemos como labor para la sociedad. El trabajo es nuestro esfuerzo orientado a la mejora de la vida del conjunto de seres con los que vivimos. La remuneración económica es un mecanismo social de reconocimiento y agradecimiento al trabajador por el esfuerzo realizado. En definitiva, un sistema de valoración.

Aun así, no debemos reducir las recompensas y valoraciones a compensaciones monetarias sincrónicas. Esto es, cobrar a final de mes. Por poner un ejemplo entre miles, Van Gogh. Este pintor neerlandés fue un hombre prolífico y trabajador que vivió recibiendo apoyo financiero de su hermano. Solo al final de su vida, y sobretodo, después de su muerte, su obra empezó a ganar relevancia y fama. A día de hoy, sus obras han adquirido un valor incalculable. ¿Cuánta gente le preguntaría a Van Gogh que cuándo iba a empezar a trabajar de verdad? ¿O incluso, que cuándo iba a empezar a vivir en serio?

Los días en los que nuestro estado anímico está bajo, agachamos la cabeza para reconocer que seguimos sin empleo, pero cuando creemos en nosotros, nos volvemos a trabajar a nuestro estudio. Una habitación con condiciones técnicas escasas.

Cuándo conozco a la gente pregunto, ¿qué te gusta hacer? No quiero saber lo que hace, quiero saber lo que le gusta hacer. Quiero conocer sus motivaciones intrínsecas, la manera en que su espíritu se ha manifestado hacia la consecución de la vida. No me interesa saber en qué trabaja. Quiero saber lo que esa persona se encuentra obligada, llamada a hacer por una fuerza incognoscible. No quiero saber si se ha plegado a las imposiciones y presiones sociales que la rodean.

Si carecemos de un motor intrínseco que nos mueva hacia la consecución de nuestra autorrealización, llegaremos a la jubilación con dinero, pero sin ideas sobre cómo utilizarlo. Habremos participado activamente de un sistema alienante que nos ha enseñado que tenemos que trabajar para conseguir dinero que debemos gastar en un consumismo superfluo. La falta de trabajo o de dinero se convertirá en una caída al vacío, en una apatía espiritual por no saber qué línea de acción se quiere elegir. Nos convertiremos en empleados sin jefe y sin rumbo que nos indiquen lo que debemos hacer. Si no entrenamos una manera de decidir activamente sobre nuestra vida estaremos apagando el impulso espiritual hasta reducirnos en seres reactivos ante la sociedad. Estaremos aniquilando nuestra proactividad. La fuerza interior, la motivación intrínseca, la pasión por lo que se hace, y el amor por la vida son imprescindibles para la supervivencia humana.

Nietzsche clamaba que escribía para el pasado mañana. Yo, un poco más optimista, espero vivir para ver el cambio que producen mis ideas en la sociedad.

Está claro que vamos a mejor. Pero ha llegado un momento muy interesante en la historia, una oportunidad para realizar un nuevo cambio cualitativo en vez de cuantitativo. El momento de producir un cambio radical a nivel individual que revertirá en un intenso y profundo cambio a nivel social. Un cambio perceptivo, un cambio teórico, un cambio espiritual.

Ya no es necesario recibir un sueldo a final de mes para saber que estás trabajando. El trabajo no tiene porqué ser recompensado, valorado, o remunerado sincrónica o económicamente. El trabajo tiene un valor intrínseco. No es esa actividad que se realiza para conseguir dinero que gastar en nuestros momentos de ocio. El trabajo es la vía de transformar nuestras vidas en una experiencia con significado. Es posible generar y distribuir un producto sin la necesidad de esperar una compensación económica por ello. Este texto, como tantos otros, es la prueba fehaciente de ello.

Las personas que son movidas por el dinero tienen más probabilidades de hacer perdurar la tradición. Sin embargo, aquellas que no son movidas por el dinero tienen más probabilidades de realizar cambios revolucionarios en la historia. Son los segundos, los que promueven e implantan un nuevo sistema en el que las dinámicas sociales se caracterizan por la novedad y la expectativa de mejora. Van Gogh no necesito cobrar una vez al mes o cada cinco años para que su obra y su esfuerzo sean considerados como únicos, innovadores e inigualables.

¿Cuál es la motivación y el sentido de un bailarín para estirar su cuerpo cada día, independientemente de que se encuentre de gira, esté preparando una nueva producción, o se halle buscando un nuevo trabajo? ¿Por qué los escritores se encierran día tras día, sin importar que lo que estén plasmando en el papel sea el párrafo crucial de la novela, la conclusión de un ensayo, o simplemente garabatos e ideas sueltas en un cuaderno? En el mundo cambiante en el que vivimos, si queremos llevar a cabo un plan de futuro con el que realmente nos sintamos realizados, es necesario trabajar día a día por lo que verdaderamente nos gusta.

Mi autoestima queda intacta si me recuerdan que no tengo trabajo, que no estoy recibiendo una remuneración económica sincrónica, que no cobro a final de mes, que nadie me paga por mis esfuerzos. Eso no significa que no sean valorados, o que no tengan valor. No pasa nada, soy paciente, no tengo prisa, y continúo trabajando.

Mis amigos, más informados en la materia que yo, me explican que hay que reactivar la economía a través del consumo. Si la gente trabaja más, gana más, consume más, y se produce más. Hay que dar más puestos de trabajo, o aumentar el número de horas trabajadas, o subir los precios, o fomentar el consumo, o producir más bienes…

Discutimos sobre estos temas cuando estamos de copas y yo disfruto del aire. Perdonen mi escepticismo.

El consumo no es la solución. El sistema capitalista es un quick fix, un parche temporal, una trampa desarrollada por la sociedad para no caer en una parálisis del sistema.

“Mira a tu alrededor” les digo. “Todo esto es mentira, es un engaño.” Si consiguieras ahorrar tres cuartos del suelo que ganas, podrías vivir cuatro meses trabajando uno; es más podrías vivir cuarenta años, trabajando diez. Los números no mienten. Tres cuartos quizá sea imposible, dejémoslo en un medio.

Me ponen en entredicho. “Se paraliza el sistema. Dame una alternativa mejor.”

Crear y producir. Propongo el desarrollo humano y personal, no económico como fin último de la vida. Invertir en felicidad, en bienestar. Abogar por la calidad de vida, y el desprendimiento de necesidades superfluas, practicar el Taoísmo y el epicureísmo. Probablemente suene a utopía, pero…

“La economía es cíclica, después de una crisis viene otra. Lo que propones es imposible”.  

Bueno, está claro que ya no vivimos la época feudal. Ni en la revolución industrial. Vamos a mejor, y nunca se sabe cuándo, ni cómo, cambará el sistema en el que vivimos. Además, cada día estoy un poco más convencido, de que voy a vivir para verlo.

“El renacimiento es un hecho histórico, la revolución francesa es un hecho histórico.”  Seguro que había miles de personas abogando por la imposibilidad de cambiar el sistema de manera tan radical. Pero los movimientos triunfaron, y gracias a aquellos que creyeron en el cambio, la sociedad ha ido a mejor, sigue yendo a mejor.

La visión histórica nos informa sobre el fracaso del inmovilismo y la falacia de lo cíclico. Vamos a mejor, exponencial y linealmente. Dejar de promover un consumo superfluo e innecesario no es una paralización de la economía, o una amenaza inmovilista contra el sistema. La desaparición del consumismo superfluo es, de hecho, es siguiente de los grandes avances de la humanidad. Y, además, se trata de una revolución que, como todas, conlleva enormes dosis de dinamismo y adaptación a una situación nueva. Ha llegado el momento de promover el desarrollo personas en favor del desarrollo económico. La superación del consumismo conlleva unos cambios profundos que harán evolucionar al ser humano, tanto a nivel individual, como a nivel social.

“A lo largo de la historia las revoluciones han supuesto movimientos caracterizados por la violencia y la ruptura.” No necesariamente. El renacimiento, movimiento cultural y artístico. Los promotores de la revolución francesa, figuras de intachable intelectualidad. La revolución industrial, cambio en el paradigma de desarrollo económico. A pesar de que la palabra revolución está directamente asociada a la violencia, ésta no se trata, ni mucho menos, de una condición necesaria para que se produzca el cambio.
Creo firmemente que estamos viviendo una revolución tecnológica, una revolución digital que puede revertir de manera deshumanizadora en nuestra vida y nuestra especie. Abogo por una contrarrevolución que no nazca del intelecto, ni el conocimiento consciente, si no del corazón, del espíritu.

Utilicemos esta herramienta biológica de indudable utilidad evolutiva para promover el siguiente paso en el desarrollo de la civilización humana. Abogo por una religión basada en el amor, y por la promoción de la fe en la humanidad y es ser humano. Una religión cuyas prácticas, como todas las prácticas religiosas a lo largo de la historia y las civilizaciones, estén supeditadas al contexto histórico y socio-cultural en el que vivimos. Pongamos a la ciencia al servicio del espíritu, como confirmador de las ideas intuitivas sobre lo bueno y lo malo.

La psicología ha comprobado como el altruismo y el amor son poderosísimas herramientas para alcanzar el bienestar. La ecología y la medicina han demostrado como una utilización responsable de los recursos y la adopción de dietas fundamentadas en un consumo reducido de carne son prácticas necesarias para la supervivencia individual y planetaria. Esperamos que la economía reconozca que la reducción del consumo y el incremento de la calidad de los productos son pasos insustituibles en el mantenimiento de una sociedad próspera a largo plazo. Desconozco si existen modelos socio-económicos fundamentados en el intercambio de servicios como motor del desarrollo social, mientras que las tareas manuales son realizadas por maquinaría pre programada.

Se trata de un hecho innegable. Nuestro mundo cambia, y muy rápido. Afortunadamente, y cada día más, tenemos la posibilidad de elegir la dirección hacia la que queremos que cambie.  

Sin duda, una revolución espiritual se me presenta como una de las piezas claves en el futuro y la supervivencia de la especie humana y la humanidad.

Seguiré trabajando por ello. Aunque nadie me pague a final de mes.





jueves, 24 de diciembre de 2015

Las multas de Dinamarca en Australia

Parece que hay cosas que no se van. Situaciones, personas, recuerdos que te van a seguir, a perseguir allí donde vayas. No importa donde estés, como huyas, o lo rápido que lo hagas. Puedes correr en el único paseo de la ciudad que asemeja a la naturaleza porque no tienes tiempo de andar mindfulness, pero esprintar mientras observas las texturas del follaje te mantiene vivo.

Todo por coger un bidet de la basura para echar agua y ponerte a meditar. Al menos eso es lo que te dicen los sueños, pero, son otras cosas muy reales las que te asustan. Dinero sin pagar, y por ser pagado.  

Parece que te van a perseguir hasta Singapur. Te dicen de repente,
-          “No vas a poder vivir así para siempre.”

¿Cómo te quedas? Dos chicas diferentes en dos días consecutivos. Las mujeres empiezan a tener miedo de aquello que tanto se mueve, aquello que se va. Temas de conversación irrelevante. Sin duda lo que te falta es ligereza. La ligereza de la insoportable levedad del ser. Lo ligero asusta, pero la gente no puede cargar con aquello que es tan pesado…

Escritores huyendo de su pasado y tú que empiezas a llevarte bien con el tuyo, recibes la memoria forzada de una amistad. Como conseguiste que lo que un día fueran cactus llenos de espinas se transformara en flores para regalar. Flores que quizá no todo el mundo esté dispuesto a aceptar. Flores que con mucha mierda como abono han conseguido, al final, echar pétalos.

No puedes ser siempre un B-boy, un bailarín. La vida es cambio y nuestra sociedad es mucho más cámbiate. Será mejor hacer algo perecedero que nos obligue a cambiar. Porque tendremos que cambiar. Vivir a gusto en la inestabilidad del cambio es prácticamente la única solución que la vida ofrece. Saber que nos espera el vacío una y otra vez. Reconocer que ese vacío no se llenará en la espera, sino que habrá que trabajar mucho por muy poco. Que el esfuerzo parecerá desmedido, pero hard work pays off.

Hard Work Pays Off. Como el YOLO de toda una generación que ha perdido hasta el Carpe Diem, puede que HWPO se convierta en mi estandarte y lema de vida.

Todos los cuadernos que he escrito ya son una recompensa. Incluso los que no encuentro, y aquellos que se han perdido. Aún así, todo está tan sujeto a la vulnerabilidad de la desaparición, que cualquiera se puede confiar. Solo los productos dan un poco de seguridad. Pero tras cada producto caemos de nuevo en el vació hasta encontrarnos involucrados en un nuevo proceso, una nueva manera de entretener a la muerte. No me cansare de repetir, algo que parece que todavía no ha llegado. Por mucho que sea discutido, que se cuestione, me parece que, cada vez que lo repito, el enunciado se convierte en máxima esperando dejar de funcionar:

“Somos el proceso de un producto, y el producto de un proceso”

A un tiempo, ambos, y a la vez. Me llaman platónico, pero me escudo en Lao-Tzu. Me dicen que hay que tener un proyecto del futuro, respondo que trabajo por ello en el presente. Publica para encontrar a los mind-like.

El mundo está lleno de gente afín a nosotros a la que nunca conoceremos. Encontrar la manera más adecuada de gritar nuestras vulnerabilidades es la primera herramienta de la supervivencia. Por eso los niños lloran. Sigues buscando a alguien, y para que ese alguien al que buscas te reconozca tienes que firmar los que escribes con signos de interrogación.

Aceptar que aunque no todas, ni tampoco por todos, tus palabras merecer readers.

Conocer a la idea, al producto, y compararlo con el escritor, el proceso, siempre es bastante decepcionante. Platón haciendo daño a psicólogos que, como arquitectos de vidas, como diseñadores de personalidad, aunque queramos, no podemos empezar la casa por el tejado. Hasta el techo y sin ventanas.

Aparece Lao abogando que la vida, el mundo, la sociedad ha de ser construida a partir de limitaciones humanas, cimentada por bases biológicas que permitan alcanzar metas que no puede ser el punto de salida. O quizá sí.

La bondad y la maldad en la naturaleza pierde relevancia ante la tiranía del ser, de saber que simplemente somos. Una vez asumidos los principios podemos empezar a avanzar. Pocos edificios sin cimientos aguantaron el paso de los años.

Sin enfrentarse a los que somos. Aceptando y avanzando con una meta clara a la que llegar, aunque la sepamos inalcanzable. Observando como el edificio de la vida se construye y toma forma. Como vamos creando un producto nuevo a cada paso, a cada experiencia, a cada respiración, a cada texto escrito, y a cada post publicado. Digamos que no lleva tanto tiempo hacer, y tampoco te cambia la vida. Solo es un paso más de otra vida cambiante. Lo hago porque ayuda a saber dónde estás, y a recordarte que sigues queriendo lo que haces, y haciendo lo que quieres. Practicando la disciplina, la fuerza de voluntad, y el trabajo duro.

Así, hasta que te pongas a vivir en serio.




domingo, 20 de diciembre de 2015

NO PIENSES TANTO

No pienses tanto. Y si piensas, escribe.

La clave de la vida está en querer lo que haces. En hacerlo porque te gusta, y no porque lo tienes que hacer. Algunas cosas necesitan ser hechas despacio para hacerlas con placer. No hay que correr de una actividad a otra. Si no ir haciéndolas todas poco a poco, y paso a paso. Despacito y con buena letra, que nos decían en la escuela. A los médicos, pobrecitos ellos, les hacen escribir deprisa, pero nosotros, que no queremos ir al médico no tendríamos que escribir tan deprisa. Es más, si queremos evitarlo, deberíamos escribir más despacio. Es como escribir y querer evitar errores, evitar ser reiterativos. Quizá deberíamos escribir más despacio.

Y con menos tensión.

Quizá con pluma, para relajar la mano y que no se nos tensione tan rápido el brazo. Así, no nos cansaremos de escribir a las tres líneas, y podremos subrayar lo importante de cada párrafo.

Pluma

Porque las plumas vuelan y son ligeras.

Disfruta de aquello que te cuesta hacer. Esa es la clave de la self-discipline. Refuérzate a cada instante de lo que haces, de que lo haces, y refuérzate también después de hacerlo. Supérate mientras lo haces aunque lleve más tiempo. Emplea tiempo en conseguir que te guste. Ese tiempo, al fin y al cabo, es tu vida. Lávate los dientes con placer. Que ese sea tu momento del día. Disfruta con lo que haces. Desde andar, a vestirte, a escuchar tu respiración. Lee más despacio. Relee lo que hayas leído deprisa. Quiere y ama a la vida, y estarás en ella por más tiempo, aunque mueras joven y creas que has hecho menos cosas. Quizá luego resulte, que en realidad, estabas haciendo más.

La vida, sin la muerte, no podría existir.

Aprende a aceptar la muerte, y a comprender que todo se acaba. Reinterpreta el pasado como aquello que tanto disfrutaste. Mejor aún, disfrútalo de verdad. Quiere a tu vida, y por eso acepta que tenga un final. Persigue lo que hay después del momento de finalizar lo que estás haciendo. Lee despacio. Releer significa que, quizá, ibas demasiado rápido.

Es el poder de salir de la cama, o de cerrar el grifo de la ducha cada mañana. Son nuestros pequeños procesos de duelo de cada día. Desde el preciso momento en que nos despertamos. El fin de los placeres. O el comienzo de estos. Pero cuesta mucho menos aceptar estos duelos, estas muertes, cuando verdaderamente disfrutamos de la experiencia, del tiempo que estuvimos juntos la experiencia y yo.

Por eso, salimos de la cama para darle la bienvenida a un nuevo día, y cerramos el grifo de la ducha para darle la bienvenida a una nueva sensación.

Debemos asumir que todo placer tiene su final, y por lo tanto aprovechar al máximo todos y cada uno de nuestros placeres, de nuestros momentos. Cada una de nuestras respiraciones, de nuestras inhalaciones y exhalaciones, ha de ser un placer y un proceso de duelo. Cada vez que el reloj hace bip-bip, ha de ser un placer y un proceso de duelo. El vivir la vida respiración a respiración, hora tras hora. Inspirar y llenarse de vida, para expirar y aceptar que una nueva vida espera.

Momento a momento. Inspiración a inspiración. Sin prisa.

A veces, se necesita muy poco para ser feliz. El reto está en llegar a esas veces el mayor número de ocasiones posibles.

La vida nos espera siempre más allá de nuestra mente. La vida se vive sin pensar.

Y si piensas, escribe.

***

Ahora, me vais a permitir contaros un poquito de mí.

Acabo de escribir este texto a mano, y siento la necesidad imperiosa de compartirlo con vosotros. Por eso, voy a encender el ordenador y a digitalizarlo. Me estoy acelerando, y dejo de disfrutar de lo que hago. Cuando enciendo el ordenador, me acelero aún mucho más, y por eso me canso tan rápido.

Soy capaz de escribir a un ritmo de alrededor 150 pulsaciones por minuto, pero cometo bastantes errores. A partir de ahora, voy a intentar sacrificar rapidez por corrección, y quizá la tarea se me haga más corta, y en el futuro, más rápida.

Intuyo que al menos será más placentera.

Escribir este texto ha sido una necesidad que ha roto el estado meditativo anterior del cual venía. Pero ahora, cuando acabe, beberé agua y disfrutaré de nuevo de un presente que he sacrificado esperando poder mejorar, y haber mejorado vuestro futuro. O al menos, este preciso presente.

Os deseo lo mejor a todos aquellos que os tomáis la molestia de leerme, y empleáis el mayor regalo que tenéis, vuestro tiempo, vuestra vida, en recoger mis pensamientos. Compartidlos si creéis que otros se pueden beneficiar de ellos, si creéis que el sacrificio de sus vidas, de su tiempo, es merecedor de conocer mis palabras.

Muchas gracias por leerme.

Un abrazo a todos,

Amor y paz. Agua, y a respirar.

Fdo. Carlos Alcalá



domingo, 6 de diciembre de 2015

Amare aude. LA RELIGIÓN DEL AMOR Y LA FE EN LA HUMANIDAD.

I am loving life, are you?

Planeta Tierra, 24 de noviembre de 2015,

Querida humanidad,

Esto es solo unas pocas ideas que llevan en proceso de gestación desde el año 1992. Espero que las disfrutes.


Hoy vengo a venderos una religión, y lo hago explícitamente, como la publicidad. Quiero avisaros de que lo voy a hacer, lo voy a intentar. No quiero hacerlo implícitamente, como hace la sociedad con los modelos de consumismo y éxito que nos bombardean a diario. No, yo os lo digo, yo os aviso. Estoy aquí para venderos un producto, un producto insustancial. Os quiero vender algo que no cuesta nada, pero que lo vale todo.

Es más, ni siquiera os puedo vender lo que os quiero vender porque ya lo tenéis, porque ya es vuestro. Ni siquiera os lo puedo dar, porque no me pertenece, porque no es mío. Siempre ha sido vuestro.

Hoy no os puedo vender lo que os quiero vender, porque ya lo tenéis. Lo único que quiero hacer hoy es deciros, mostraros, enseñaros a apreciar lo que todos nosotros ya poseemos. Nuestra capacidad de amar. El increíble poder de amar incondicionalmente a la humanidad.

Hoy vengo a venderos el amor, vuestro propio amor.

Hoy quiero que me compréis la religión del amor.

Todas las culturas a lo largo del tiempo han tenido religiones. Esto nos muestra que el alma, el ser interior, nuestra dimensión espiritual es común a todas los seres humanos.  A lo ancho de todo el planeta, y a lo largo de toda la historia. El ser humano es ser humano porque tiene espíritu.

En las diferentes culturas la concepción de espíritu ha tomado diferentes formas, diferentes interpretaciones. Ha generado diferentes instituciones, diferentes estructuras, y diferentes formas. Pero el alma, el espíritu no tiene forma. Carece de forma. Es el ser sin forma. Solo es accesible cuando nos libreamos de las formas.

Muchas religiones le han querido dar forma. Hacerlo suyo, hacerlo característico, y por eso, lo han destruido. Han dado forma a algo que no la tiene, han nombrado algo que no puede ser nombrado. Y por lo tanto, al hacerlo aparecer, lo han hecho desaparecer.

Solo es posible acceder al espíritu a través del espíritu. Algunos lo niegan, incluso yo, que hoy estoy aquí, lo negaba. Siempre he sido ateo. Un día descubrí el taoísmo. Hoy soy escéptico.

Tengo fe en la humanidad, y me atrevo a decir que ha llegado el momento en nuestra cultura en la que se instaure la religión del amor. Nuestra sociedad está preparada para experimentar la religión del amor.

En los tiempos en los que surgió el cristianismo o el islamismo no sé tenía fe en la humanidad. No se creía en las personas. Crearon dioses que los controlaran, figuras externas que los gobernasen y establecieran normas entre ellos.

Yo no quiero dioses. No creo que los necesitemos, porque nosotros ya somos dioses. Somos dioses que se llaman personas. Yo creo en las personas, creo en el espíritu, creo que todos nosotros podemos experimentar el infinito poder del amor y cambiar el mundo. Creo en la humanidad. No hacen falta dioses, no los necesitamos. No nos hacen falta normas morales impuestas por entes externos a nuestro propio ser.

Hoy estoy aquí para haceros experimentar. Para contaros lo que sienta bien. Pero no quiero que me creáis, quiero que lo sintáis. Quiero que sintáis lo que os hace sentir realizados, lo que de verdad otorga significado a vuestras vidas. Yo creo en el ser humano, creo en el espíritu. Creo en su capacidad de aprender desde dentro, desde la propia experiencia interior.

A lo largo de mi vida he observado que las personas que mejor se sienten son las que menos necesitan. Las más libres, las más liberadas. Nuestra sociedad consumista nos ha vendido un modelo que hemos comprado sin darnos cuenta. Nos ha vendido un modelo de felicidad que no funciona, que es falso. Nos ha hecho pensar que tener muchas cosas nos hará felices. Pero no. No es cierto.

Aquellas personas que se sienten llenas, completamente realizadas, que no tienen preocupaciones, que emanan paz, que irradian luz, no necesitan nada de lo que se anuncia por la tele. Solo hace falta imaginar a esa persona “iluminada” que aun vistiendo harapos y pareciendo desnutrido es feliz. Sonríe. Ayuda a los demás. Se siente bien consigo mismo y con el planeta. Es feliz, es pleno, es puro, es paz, es luz. Esa persona que aunque parezca desgraciada por fuera es infinitamente feliz por dentro. Está lleno. Y esa gente no necesita más cosas, no necesita comprar, no necesita consumir, porque está lleno por dentro. Ya no necesita nada de lo que le venden, de lo que le ofrecen.

Por eso, lo que hoy os he venido a vender no se compra, se da. Para vosotros que ya tenéis tanto, y ahora quiero que lo deis. 

Todos hemos oído aquello de comprar y acumular cosas para llenar nuestro vacío interior. Aquí es donde lo empezamos a comprender. Este es el ejemplo. La gente que necesita tantas cosas, que es tan superficial y quiere aparentar tanto por fuera, nos demuestra que está vacía por dentro.

Pero no culpamos, en ningún caso menospreciamos o minusvaloramos a esos seres humanos. Por supuesto que no. No podemos sentir maldad cuando estamos dando todo por los demás. No sentimos odio, o envidia, o venganza. Eso es imposible, no lo podemos hacer. Si de verdad amamos, no somos capaces de hacerlo.

Porque los amamos, a ellos también, porque también son seres humanos como nosotros, y también queremos lo mejor para ellos. No queremos quedarnos los gozos y las bendiciones de la felicidad y el amor para nosotros mismos. Los queremos compartir con ellos. Por eso, cuando vemos a una persona que aparenta estar vacía, lo que sentimos es compasión. Es amor por ella. Es el hondo sentimiento de querer que esa persona experimente la felicidad que nosotros sentimos. Nos compadecemos infinitamente por ella.

No los podemos adoctrinar, no les podemos imponer una experiencia, un sentimiento. Lo único que podemos hacer es desear que entendiera lo que sentimos, que ojalá fueran capaces de entender la inmensidad que tenemos dentro. Sentimos compasión, sentimos tristeza porque esa persona no se siente llena, porque esa persona no es feliz, no es completamente feliz. Esa persona se encuentra atrapada en un mundo de placeres etéreos, en un hedonismo fugaz y perecedero, en una vida superficial y vacía. Lo que a nosotros nos llena, lo que a nosotros nos da fuerzas y energías es mucho más duradero, es mucho más poderoso. Es una experiencia que llega más allá de lo corpóreo, de lo sensorial. Es un aliento de vida que empapa nuestra persona. 

Este poder es el poder del significado vital. Es el mecanismo más poderoso y duradero que ha desarrollado la evolución para mantenernos vivos como especie. Los placeres son pasajeros, no son relevantes a largo plazo, desaparecen con el tiempo. Tan a menudo nos atrapamos en placeres, vagamos perdidos, sin rumbo, de un placer a otro, buscando nuestra felicidad, nuestra esencia, nuestro propio ser. Pero los placeres solo conducen a más placeres. Y los placeres se apagan. Entonces nuestra vida no conduce a nada.

Sin embargo, el significado vital permanece a lo largo del tiempo. No importa el tiempo que pase que cuando nuestra vida tiene significado, somos capaces de continuar y continuar avanzando, día tras día. Lo que nos guía, lo que es medio y fin en sí mismo es aquello que nos llena de manera duradera. La evolución ha hecho que nuestro cuerpo nos indique lo que es placentero, lo que nos gusta y agrada a corto plazo. Pero la evolución también ha creado algo mucho más poderoso, un mecanismo que nos indica que hay algo más, que hay algo que se experimenta mucho más hondo, mucho más profundamente, que nos llena desde mucho más adentro, y que dura mucho más que los placeres, que dura para siempre.

Esta es la diferencia entre ver un video de gatitos mientras comemos chocolate, y dejar todo aquello que nos gusta por ayudar a una persona que lo necesita, a sacrificarnos nosotros mismos por alguien a quién amamos. Entre ver Gran Hermano sentados en la tele, y salir a la calle a ver el atardecer o detenernos a escribir. ¿Qué es lo duradero? ¿Qué es solo entretenimiento? ¿Cuánto dura un placer? ¿Cuánto duran los sacrificios? ¿Qué nos hace sentir mejor una vez la experiencia ha finalizado? ¿Qué nos otorga una mayor recompensa?

El esfuerzo, el trabajo, la dedicación y los sacrificios son siempre recompensados, siempre recompensados. Aun cuando no vivamos lo suficiente para verlo. Esto es el significado de la vida. El sacrificarnos por el otro, por los demás. El dar nuestra vida por el futuro del ser humano. El hacer algo que sea más grande que uno mismo, el ir más allá del yo individual. La evolución nos ha creado para eso. La evolución ha diseñado al espíritu como un mecanismo indicador de significado vital. Una herramienta para señalarnos lo que de verdad merece la pena, aquello por lo cual merece la pena sacrificarse.

Es por eso que los seres humanos también hemos sido diseñados para que nos guste más lo difícil, para que llegue el momento en que nos aburra lo fácil. Para que persigamos los retos y no nos acomodemos en lo sencillo. Por supuesto que caemos en los placeres inmediatos y a menudo nos olvidados de lo que de verdad nos llena. Pero el espíritu, nuestro ser, siempre nos recuerda que eso no es lo que nos hace realmente felices. Solo con esfuerzo podemos alcanzar una inmensa plenitud.

Siempre fui ateo, pero ahora soy creyente. Creo en el amor, y creo en el altruismo. El amor y el altruismo han sido hasta ahora los únicos mecanismos para superar mis miedos. Solo he conseguido hacer aquello que más temía gracias al amor y al altruismo. Como por ejemplo, dar charlas como la que estoy dando. Nunca me ha gustado dar sermones, no soy experto en nada, no considero que tenga nada especial o interesante que decirle a la gente, no creo que les vaya a aportar nada que no supieran ya.

Pero os quiero, y es amor lo que me guía a hacer lo que hago. No digo esto por que quiera, sino porque os quiero. Yo no quiero decirlo, tengo miedo a decirlo, pero el amor hacia vosotros es más fuerte, y el pensar que, quizá, a alguno de vosotros os beneficie, es lo que me obliga a decíroslo. Es lo que me obliga a compartir algo que me cuesta tantísimo compartir. Es lo que me hace abandonar el confort y la seguridad del silencio y me hace compartir las bendiciones que he sentido en mi vida, y que ojalá sintáis vosotros. Hoy quiero romper mi paz para compartirla, hoy quiero acabar con ella si con ello, alguno de vosotros es capaz de empezar a sentirla. Hoy mi calma se acaba para que vosotros podáis empezar a vivirla.

Es el altruismo el que me empuja, es el poder del amor. Es el amor que siente una madre por su hija en medio del desierto a la que se le ofrece el último vaso de agua. Por supuesto que la madre quiere el agua, por supuesto que quiere ese último trago salvador. Pero, aunque su vida vaya en ello, por mucho que quiera el agua, la madre quiere más a su hija. Y por eso, le da el agua, aunque la quiera, porque a la hija, la quiere más que a lo que la quiere. 

Me gustaría estar callado, pero ya no puedo. Porque, aunque lo quiera, os quiero más que a lo que lo quiero.

Por eso hoy comparto esto con vosotros.

Probablemente, algunos de vosotros me comprenderéis perfectamente, pero soy consciente de que, para algunos, todo esto que digo le suena a desvaríos y utopías imposibles de alcanzar. Mundos de yupi, o rollos hípster de espirituales que se van a vivir a la montaña.

Yo no. Yo soy un tío normal. Soy un estudiante de psicología que hace un tiempo leyó algo de taoísmo. Yo iba a un colegio cristiano, donde mi espíritu crítico y la curiosidad científica me condujeron al ateísmo, y más tarde al agnosticismo. Yo reconocía y reconozco las desventajas de las creencias masificadas y la institucionalización de las religiones en nuestra sociedad. Yo he sido capaz de entender los mecanismos pedagógicos de las religiones para controlar a las poblaciones e implantarles códigos morales y de conducta que les faciliten la convivencia. He llegado a entender porque no robar, no matar o lavarse el cuerpo antes de entrar a un templo resulta tan necesario.

Pero nuestra sociedad ha cambiado. Ahora vivimos en un mundo nuevo. Un mundo donde las normas injustificadas ya no son válidas, y las prácticas higiénicas están fundamentadas en los conocimientos científicos. Un mundo donde los demonios se han transformado en gérmenes o psicopatologías; y las ceremonias en grupos terapéuticos. Ahora los mandamientos divinos se han transformado en códigos éticos, y los modelos socioeconómicos explican porque comer carne no es sostenible. No quiero no matar por que me lo prohíba un mandamiento. Quiero no matar porque no quiero matar.

Aunque en la sociedad actual hayamos descubierto porque no necesitamos las normas religiosas de conducta, esto no quiere decir que neguemos los fundamentos de las religiones. No quiere decir que neguemos el alma o el espíritu.

Dejemos lo obsoleto atrás, pero quedémonos con lo que sigue siendo válido, con lo atemporal y lo transcendental, con lo inmutable, con lo que es sin importar quienes seamos. No importa dónde estemos, cuál sea nuestra cultura, o nuestra sociedad, los seres humanos estamos caracterizados por nuestra espiritualidad, y actualmente tenemos los conocimientos suficientes sobe la realidad y el universo como para no seguir unas normas celestiales.

Yo creo en la espiritualidad humana, yo creo en el poder de la humanidad. Yo tengo fe en la humanidad y creo que la gente que no me entiende, o no sabe lo que quiero decir no ha tenido la suerte de experimentar en su ser de lo que estoy hablando. Y me apeno por ello.

Y yo no hablo de energías, soy un escéptico. Pero descubrí una faceta nueva de mi existencia que había negado durante muchos años.

Esta es mi fe, la fe en la humanidad. Y esta es mi religión, la religión del amor.  Porque de verdad que creo que las personas pueden entender y experimentar lo que estoy expresando. Las personas pueden conocer y sentir mis palabras. Y eso es lo que me lleva a estar hoy aquí compartiéndolo. Porque quiero que individualmente creemos nuestra propia religión. La religión del amor a la humanidad. Y que desde nuestro interior la difundamos más allá de lo que podamos imaginar. Sé que podemos ser felices de verdad, que podemos sentir lo que verdaderamente somos, lo que nos sienta bien, y descubrir el porqué estamos en este mundo. Sé que tenemos la capacidad de sentir el amor que solo se siente cuando se da la vida por otras personas, cuando se trabaja para el futuro. Podemos levantarnos por la mañana llenos de energías, queriendo hacer un mundo mejor, deseando trabajar para el futuro, para mejorar nuestra sociedad y hacerles una vida más plena y feliz a nuestros hermanos los seres humanos. Sé que podemos trabajar juntos para mejorar la existencia de nuestra especie y reparar nuestro hogar, nuestro planeta.

A día de hoy, yo me levanto por las mañanas para hacer un mundo mejor. Y me sienta bien, me sienta muy bien. Mi vida tiene significado, y aunque no coma carne, ni me compre ropa, ni quiera un coche lujoso o una novia hermosa, no me importa. Porque soy feliz.

Estoy realizado. Mi vida tiene sentido, y me siento pleno. Porque amo, porque doy, porque me entrego por los demás, porque quiero hacer un mundo mejor, y creo que lo estoy consiguiendo. Porque pongo todo mi empeño en ello y hago todo lo que está en mis manos para que el mundo sea cada día un poco mejor. Porque cada cosa que hago me hace feliz, cada cosa que hago tiene sentido para mí.

Y no soy ningún iluminado, soy un tío normal. Un tío que a veces está triste, a veces está cansado, y a veces tengo ratos que no sé lo que quiero hacer con mi vida Pero lo acepto, porque yo también soy humano, y como humano, es normal que me den bajones y que mis energías se apaguen.

Pero sigo dando lo mejor de mí mismo, y eso es suficiente. Eso es lo que me llena.

Lo único que querría que os llevaseis de esta charla son solo preguntas, ¿estoy dando lo mejor de mí mismo? ¿Estoy haciendo todo lo que está en mi mano para ser feliz? ¿Para sentirme realizado? ¿Para hacer un mundo mejor?
¿Estoy haciendo todo lo que puedo para mejorar mi mundo y mejorar la vida de las demás personas del planeta? ¿Tengo un motivo para levantarme cada mañana dispuesto a dar lo mejor de mí mismo?

Estoy seguro de que llegará el día en que os levantaréis energizados de la cama, rebosantes de esperanza; y os iréis a dormir llenos de gratitud, plenamente satisfechos. Ese día, sabréis de lo que hablo. Ahora quizá, solo podáis tener fe en mis palabras, y creeros lo que os digo. Os hablo desde la experiencia, pero eso no es suficiente. Sabréis de que os hablo ese día en que de verdad lo experimentéis. El día que mis palabras adquieran sentido será el mismo día en que ya no las necesitemos.

Ese día, vuestra vida tendrá sentido. Entonces, dejaréis de necesitar tantas cosas que creéis necesitar, que os han hecho pensar que necesitáis. Ese día, en vez de actuar os diréis “¿De verdad lo necesito?”. Os liberaréis de este sistema de consumo que nos vacía por dentro. Os preguntaréis “¿es esto algo que de verdad necesito, o solo es una cosa más que me han hecho creer que necesito para ser feliz? ¿Mejora esto mi bienestar? ¿Me hace sentir más realizado como persona? ¿Me sentiré mejor después de tenerlo? ¿Me sentiré mejor después de hacerlo?

Por supuesto que es difícil cambiar y los hábitos no desaparecen de la noche a la mañana.
Pero es parte del camino, y a todos nos da miedo cambiar, asomarnos a lo desconocido. Pero hoy estoy yo aquí para invitaros a hacerlo. Os avala mi experiencia, os avala mi testimonio que os confiesa que ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida.

Os invito a intentarlo, a encontrar el amor que os guie, el amor que os impulse, y os haga vencer el miedo que todos tenemos dentro. Ese miedo a intentarlo, ese miedo a salirnos de las normas, a no hacer lo que se espera de nosotros. Ese miedo a no comprar regalos en navidad, ese miedo a no tener ropa nueva.

Pero tenemos el amor, y el amor es más fuerte que cualquier miedo. El amor a todas aquellas personas que no quieren nuestros regalos, sino nuestro tiempo. El amor a todas las personas que no pueden disfrutar de las mismas ventajas que nosotros por sufrir este sistema injusto basado en los placeres pasajeros de unos pocos.

Ahora que vienen las navidades tenemos la oportunidad perfecta de ponernos a prueba.  Ahora podemos demostrar de verdad cual es el significado de las navidades.

Es el nacimiento de cristo, del espíritu, pero de un nuevo cristo, un nuevo espíritu. Un cristo que no está fuera ni dentro de nosotros. Un espíritu que es nosotros. Vosotros sois cristo, sois espíritu. Cada uno de vosotros sois cristo. Sois un espíritu con nombre cualquiera. Dejad que esta navidad nazca cristo, que nazca el espíritu. Sed cristo. Sed espíritu.

Cristo no compraría regalos a sus familiares, a sus hermanos; cristo pasaría el tiempo con ellos, cristo los amaría, cristo los perdonaría. El espíritu daría las gracias por haber compartido su existencia con la vida de sus hermanos. Sed espíritu. Amad, amad, amad.
Podéis amar. Tenéis el poder a hacerlo, no tengáis miedo. La sociedad os mostrará que la manera de amar es dar regalos, pero vosotros le demostraréis que la manera de amar es decir “te quiero”. Probablemente tendréis miedo porque no lo habréis dicho antes, pero amad, amad tanto que no os quepa en el pecho, sacadlo fuera. Dad las gracias, demostrad que de verdad os preocupáis por esas personas que han estado tanto tiempo junto a vosotros. Demostradles vuestro afecto, vuestro cariño.

No regaléis objetos despersonalizados, cread, generad algo nuevo, algo valioso y único en el mundo. Ofreced vuestras palabras, vuestros gestos, dadles cartas de gratitud, o canciones de amor. Bailad con ellos. Cread algo único para esa persona única en ese momento único. No dejéis que el miedo os paralice.

La navidad 2015 puede ser el momento de que nazca el espíritu dentro de nosotros, de todos nosotros. El momento de que seamos espíritu. Puede que haya llegado el momento en que liberemos la verdadera esencia humana, su alma, su espíritu. Todo aquello que sienta bien, que se sabe que es correcto. Amad, que no os obligue nadie a hacerlo. Hacedlo porque queréis. Decidid que queréis amar. Probad una vez y observad lo que sucede, lo que se siente cuando se ama de verdad, desde lo más hondo del ser. Experimentadlo. Experimentad lo que se siente al dar amor. Pasad una tarde con vuestros seres queridos y preguntadle lo que sienten cuando aman.

No tengáis miedo, conectad con ellos y decidles que les queréis. Rememorad vuestras vidas juntos, recordad todos los momentos de gozo que habéis compartido, daos las gracias el uno al otro por haber coincidido en este planeta. Por gozar de la maravillosa oportunidad de poder compartir la única vida que tenemos.

Porque la vida es esa única y maravillosa oportunidad de amar a la humanidad. Eso es la vida.

La vida es amor. Y la navidad de 2015 es un momento único para hacerlo. Un momento único en nuestras vidas para demostrar que podemos y vamos a ser más felices y sabemos cómo hacerlo. Y la publicidad o el consumo no nos van a engañar con sus artificios y trampantojos embaucadores. No, esta vez no.

Vamos a demostrar que amamos de verdad, y eso, es lo que nos hace felices. El amor, la gratitud, el cariño, la compasión, las relaciones significativas, las que de verdad aportan bienestar y felicidad a nuestra vida.

El tiempo es nuestra vida. Nuestra vida es el tiempo que tenemos. El tiempo que nos ha regalado el universo, la evolución, la humanidad, la casualidad o como lo queráis llamar.

El tiempo es el mayor regalo que podemos dar. Nuestra vida, nuestras ideas, nuestro ser. Regalaos a vosotros mismos. Daos, entregaos, haced algo por el mundo, por la humanidad, por los demás, por las personas que os quieren. Hacedlo por ellos, ayudadles, pedidles que os pidan cosas, que os pidan favores, que soliciten vuestra ayuda. Daos a vosotros mismos, dad todo lo que sois, todo lo que os pidan de vosotros mismos. Hacedles la vida más fácil, hacedles la vida más feliz, llenadles.

Dad tanto que os quedéis vacíos y entonces sentiréis esa plenitud… Os sentiréis infinitamente llenos.

Amad tanto que os salten las lágrimas, lágrimas de amor, lágrimas de emoción. Lagrimas que quieran expresar lo que ni vuestras emociones pueden expresar. Lágrimas de amor, lágrimas de felicidad, lágrimas de plenitud, de infinitud. Puras lágrimas de verdad, lágrimas del ser, lágrimas del alma, lágrimas que limpien y purifiquen vuestro espíritu, todo vuestro yo, todo vuestro ser. Vaciaos y soltad todo ese amor que habéis retenido tanto tiempo. Llorad, llorad de alegría, llorad de amor. Dejad que las emociones fluyan, que el infinito os alcance, que sintáis cómo os vaciáis. Como dais todo lo que sois.

Sacad las lágrima que significan que tu vida ahora tiene significado. Dad las gracias a todas las personas del planeta que hacen que vuestra vida tenga significado. Quered a la humanidad por daros la oportunidad de amar, de dar significado a vuestras vidas. Amad, amad como nunca habéis amado. Desbloquead el poder del amor, no tengáis miedo. No dejéis que el miedo os paralice, no temáis, no os detengáis. Sed valientes y atreveos a amar. Atreveos a dar. Anteponed el poder del amor ante las dinámicas del miedo.

Sapere aude. Atrévete a pensar, dijo Kant.

Ayer ya pensé. Hoy me atrevo a decir, atrévete a amar. Amare aude


Y Feliz Navidad.